Puebla, Pue.- Si bien los partidos políticos que formaron la alianza Compromiso por Puebla han decidido mantener los acuerdos necesarios para operar como un bloque común en la próxima legislatura local, habrá personajes que tendrán un peso específico muy importante en términos de la aprobación de las iniciativas de ley que envíe el gobernador Rafael Moreno Valle a los futuros diputados.
Entre ellos estarán, por supuesto, los individuos que nombren como coordinadores PAN, PRD, Convergencia y PANAL.
Sin embargo, dentro de este grupo, será el aliancista Guillermo Aréchiga Santamaría quien opere como el enlace real entre el ejecutivo y el legislativo una vez que las autoridades electas el 4 de julio entren en funciones.
Efectividad y confianza son dos de las características que han movido al gobernador electo a tomar esta decisión.
Los bonos del el ex líder del SNTE poblano subieron como la espuma después de que se comprobó la eficacia de la operación electoral del magisterio a favor de Moreno Valle en la pasada elección.
Y es que, Aréchiga Santamaría, recibió directamente de Elba Esther Gordillo la encomienda de hacerse responsable de maximizar los recursos humanos y materiales que el sindicato destinaría para hacer ganar a su candidato.
Las cuentas que "el profe" entregó no pueden ser mejores.
Es claro que la movilización de los docentes no fue el factor de mayor peso en la victoria opositora, que fue la sociedad civil la que hizo ganar a Rafael, pero sí fue fundamental para cumplir con el objetivo de ganar con un número de votos lo suficientemente contundente como para espantar los fantasmas del potencial fraude e inhibir la acción de los siempre eficientes alquimistas electorales.
La estructura funcionó con la misma precisión quirúrgica con la que las instancias gubernamentales operaron alguna vez a favor de los intereses de los llamados candidatos oficiales.
Dos meses antes de la elección, Aréchiga tomo como búnker el hotel Presidente Intercontinental y desde ahí, diseñó la estrategia de operación electoral a implementar el día de la elección.
Prácticamente todos los días se le podía ver en la cafetería de ese lugar recibiendo gente del magisterio, en su mayoría proveniente de otros estados, revisando cifras, pero sobre todo, analizando el perfil de quienes se quedarían al final con cargos importantes en el ejército docente que se formó en Puebla con motivo de la elección.
Al final, prevalecieron los que pudieron comprobar su eficiencia en otros procesos electorales en donde se obtuvieron triunfos importantes para los intereses políticos y económicos del magisterio.
Otro factor que perfilo a Aréchiga como uno de los consentidos del hoy gobernador electo, fue la manera en la cual se gastaron los millonarios recursos económicos que el sindicato más grande de Latinoamérica destino para hacer ganar a la alianza opositora en Puebla.
Los números siempre cuadraron y Guillermo supo mantenerse ajeno a la tentación de desviar para otros fines el dinero que se empleó para garantizar que la estructura magisterial diera resultados el día de la elección.
Sobra decir que estos recursos llegaron en su mayoría en efectivo y fueron trasladados hasta aquí utilizando métodos muy poco ortodoxos.
Lo anterior explica perfectamente el por qué, más allá de quienes se sienten hoy con derecho de picaporte en términos de su interlocución con el próximo gobernador, será Guillermo Aréchiga y nadie más quien lleve la voz de Moreno Valle en el próximo congreso local.
Ahí será en donde Aréchiga tendrá que mostrar la misma eficacia que tuvo como operador electoral, pero ahora en su papel de diputado "consentido".
La aprobación de iniciativas de ley que lleven a políticas públicas encaminadas a cumplir con las enormes expectativas que generó Moreno Valle con su triunfo electoral depende de ello.
